La radiación ultravioleta: efectos sobre la salud

tomar el sol

La causa principal de la aparición del cáncer de piel en adultos, y hoy en día cada vez en más jóvenes, es la sobre-exposición a la radiación ultravioleta. Y no hay diferencia alguna entre la de origen natural, como el sol, o la artificial, como las cabinas de rayos UVA.

Los rayos UVA son uno de los componentes de la radiación emitida por nuestro sol, y sus niveles pueden variar en función de los siguientes factores:

– La altura del sol sobre el horizonte. Cuanto más elevada sea su posición, más nocivo resulta.

– La distancia respecto al ecuador: más cerca implica mayor fuerza de radiación.

– El estado del cielo. La radiación será menor si el cielo está cubierto por nubes, pero aún así se pueden alcanzar niveles altos, por lo que uno no debe dejarse engañar.

– A mayor altitud, mayores niveles. Tienes más posibilidades de “quemarte” en la montaña, que en la playa.

– La superficie reflectante influye mucho. El suelo y la hierba suelen reflejar un 8 por ciento, que se añade a la exposición solar. La espuma del mar un 25 por ciento, y la nieve fresca, hasta un 80 por ciento.

En pequeñas cantidades, los rayos ultravioleta son buenos para la salud. Colaboran en la síntesis de la vitamina D, la cual fortalece los huesos y el sistema musculo esquelético. Pero su abuso conlleva no sólo el riesgo de aparición de distintos tipos de cáncer de piel, sino que también afecta a la salud de los ojos, provocando la aparición de cataratas y otras dolencias oculares.

Hay evidencias científicas que demuestran que una excesiva exposición a la radiación ultravioleta, debilita el sistema inmune. Esto puede reactivar el virus del herpes labial (las famosas calenturas).

Los grupos más vulnerables son los bebés, niños y adolescentes. Se dice que la piel posee memoria, y un abuso de horas de sol puede desencadenar, ya en la edad adulta, problemas de piel serios.

Las medidas que recomienda la OMS para prevenir y protegernos de los rayos ultravioleta son las siguientes:

– Limitar el tiempo que se pasa al sol, sobre todo durante las horas centrales del día.

– Buscar lugares con sombra.

– Usar ropa y sombrero para proteger zonas sensibles como cara, ojos y cuello.

– Usar gafas homologadas, con filtro solar superior.

– Aplicarse cremas solares protectoras varias veces durante la exposición solar.

– Evitar el uso de tumbonas o hamacas.

– Los bebés y los niños pequeños SIEMPRE han de estar a la sombra.

Fuente: www.who.int

Foto Vía: www.sciencedaily.com

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