Radiación y sus efectos sobre la salud

Tristemente, el controvertido tema de las centrales nucleares y más concretamente el uso de la energía nuclear como fuente alternativa a otro tipo de energías tales como el petróleo o las naturales, está de actualidad. Los último acontecimientos en Japón que, no olvidemos, no sólo se centran en el peligro de contaminación radiactiva, sino en el terrible terremoto y el posterior tsumami que ha dejado una estela de destrucción al que no logro encontrar adjetivos, ha puesto en el disparadero la cuestión de la seguridad de las instalaciones nucleares ante posibles catástrofes similares a las ocurridas en el país nipón y a las consecuencias que esto supondría a la población.

No existen posturas intermedias en esta cuestión. O se está a favor o se está en contra. En lo único que se está de acuerdo es que hace falta, y de modo urgente, empezar a trabajar en el uso de energías alternativas y abandonar la dependencia del petróleo que tanta dependencia causa a la economía mundial, así como dar preferencia a las fuentes de energías no contaminantes que impidan el deterioro del ya más que deteriorado planeta Tierra.

Pero centrémonos en el tema que nos interesa: la radiación y sus efectos.

Lo cierto es que la radiación se encuentra de manera natural en la naturaleza y vivimos expuestos a ella constantemente (eso sí, a niveles muy bajos). Esta radiación natural proviene de la propia naturaleza: los minerales, el aire, el sol y las corrientes electromagnéticas.

Por lo general, los tejidos del cuerpo humano son susceptibles de ser dañados por la radiación, pero éste tiene la capacidad de repararlos, siempre y cuando estemos hablando de dosis bajas, por supuesto.

Dos factores importantes a la hora de medir el efecto de la radiación sobre nuestra salud son la cantidad recibida y la duración a la que se ha estado expuesto a ella. Y de ahí podemos dividir dos clases de efectos:

– Los efectos llamados Estocásticos, que son los que aparecen a largo plazo tras una exposición a dosis bajas pero durante un largo período de tiempo. El término «estocástico» viene a significar algo así como «probabilidad». Por ejemplo, el cáncer se considera la patología que tiende a aparecer en la mayor parte de estos casos.

Recordemos la población civil de Chernobyl, en las que miles de personas que eran niños cuando ocurrió la catástrofe adquirió años después cáncer de tiroides (entre otras muchas víctimas de otras patologías debidas a la radiación). De hecho, los niños son más sensibles a los efectos de la radiación porque, debido a que están en pleno crecimiento y las células aún están dividiéndose, la radiación es capaz de parar el proceso. Otro efecto indeseable a largo plazo son las mutaciones genéticas, que pueden afectar al feto.

– Los efectos no Estocásticos, que aparecen tras una exposición «aguda» a la radiación. No se asocian al cáncer y aparecen de forma rápida. Empiezan con náuseas, fatiga, hemorragias internas, caída del cabello y finalmente la muerte. No hay más que recordar lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki, y los operarios de la central de Chernobyl que estuvieron directamente expuestos durante el accidente así como las personas de los servicios de emergencia que intervinieron para tratar de «paliar» el desastre.

Existen alguna medidas que pueden ayudar a frenar los efectos nocivos de la radiación una vez que se ha detectado la fuente.

Entre ellas está reducir el tiempo que se pase cerca del lugar de donde procede la misma. La distancia también hay que tenerla en cuenta. Cuanto más lejos se esté de la fuente contaminada por radiación, mayor seguridad. Dependiendo del tipo de radiación se establecerá el radio de distancia que debe cubrirse.

Otro tipo de protección a tener en cuenta es la protección corporal. Con ello se intenta crear una barrera entre el individuo y la fuente de radiación. La clase de protección a utilizar dependerá también del tipo de radiación.

– La radiación Alfa es la menos nociva. No es capaz de atravesar el papel, por lo que incluso la capa externa de la piel es una buena barrera contra ella.

– La radiación Beta sí requiere que nos protejamos, y además con ropa adecuada para ello, puesto que puede atravesar la piel y quemarla.

– La radiación Gamma es el tipo de radiación más letal. Es la que utiliza la medicina nuclear y la radioterapia (eso sí, de manera controlada). El material utilizado para proteger contra los rayos gamma es el plomo.

Vosotros decidís: energía nuclear o energía natural.

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