Cómo prevenir el colesterol

prevenir el colesterol

Una dieta completa y balanceada contribuye a mantener la salud y el bienestar físico; una mala dieta puede derivar en peligrosas dolencias o en “factores de riesgo” que favorecen la aparición de enfermedades como el colesterol alto, la arteriosclerosis o la hipertensión arterial, entre otras. En la actualidad, y debido al ritmo de vida que llevamos, es cada vez más frecuente la presencia de niveles altos de colesterol en individuos adultos.

Nuestro organismo precisa cierta cantidad de colesterol para funcionar con normalidad. El colesterol cumple funciones de sostén, protección y compensación del medio interno, como ayudar al transporte de glóbulos rojos en la sangre favoreciendo, así, la oxigenación de células y tejidos. Hay dos tipos de colesterol:

– El colesterol HDL (colesterol “bueno”): imprescindible para el cuerpo humano. Lo ideal es un nivel entre 35 y 65 mg/dl en sangre.

– El colesterol LDL (colesterol “malo”): se acumula y provoca enfermedades. Los niveles de este tipo de colesterol en sangre deben ser inferiores a 150 mg/dl. Si supera esta cantidad, es necesario realizar algunos cambios en nuestra dieta. Si sobrepasa los 190 mg/dl, requiere de un tratamiento intensivo con medicamentos.

Para asegurarnos de que nuestra alimentación está balanceada y nuestra sangre presenta unos niveles adecuados de colesterol, podemos recurrir a una serie de rutinas:

– Reducir la cantidad de carnes rojas y blancas y evitar las vísceras.

– Incrementar la ingesta de pescado, especialmente de pescados pocos grasos. Prescindir de los mariscos.

– Consumir lácteos parcialmente descremados.

– En la medida de lo posible, evitar las frituras.

– Consumir mayor cantidad de frutas y verduras.

– Aprovechar el ajo, la cebolla y el limón para condimentar los alimentos.

– Consumir soja, pues es un producto con alto valor nutritivo.

– Realizar deporte y ejercicios físicos diarios.

El primer paso para evitar el colesterol, pues, empieza en una dieta equilibrada. El colesterol alto persistente puede derivar en problemas de obesidad, arteriosclerosis, formación de cálculos biliares, ciertos tipos de cánceres digestivos y enfermedades cardiovasculares.

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