Azúcar vs. Obesidad

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Hace unos días leí un artículo que me resultó, cuanto menos, curioso. Una universidad australiana había concluido que, a pesar de que el consumo de azúcar desde 1988 a 2003 había bajado hasta un 23 por ciento y la venta de bebidas con edulcorantes calóricos hasta un un 16 por ciento, con el objetivo de luchar contra la obesidad, ésta era tres veces mayor. Paradójico, ¿verdad?

Si bien es cierto que un abuso de azúcar en la dieta puede provocar muchos problemas en la salud del individuo, tales como diabetes, caries dental o deficiencias de minerales y vitaminas a expensas de tomar alimentos más nutritivos, ésta no es la causa principal de la obesidad, y mucho menos las bebidas azucaradas. De hecho, el consumo de sodas, refrescos y productos similares sólo representan un escaso tanto por ciento de las calorías que consume un individuo. Por lo tanto, no es razonable atribuir toda la culpa a las bebidas edulcoradas.

El hecho de reducir el consumo de estas bebidas no tiene por qué influir en la ingesta total de calorías de la persona. Es más, uno puede renunciar a beber un refresco pero puede no renunciar a los pasteles, los caramelos o los zumos, o cualquier otro alimento rico en calorías. Vamos, que sustituye un alimento calórico por otro igual o con más calorías. O sea, que el problema no reside exclusivamente en las bebidas azucaradas o gaseosas. Por no decir que, ponerse ciego de patatas fritas no es, precisamente, bueno para mantener el peso.

De todas formas, no estoy diciendo que puedan  tomarse dos litros de refresco al día. Éstos están considerados, al igual que todos aquellos alimentos ricos en azúcar, como «calorías vacías». Mucha energía pero ningún valor nutricional.

¿Y qué sucede cuando ingerimos más energía de la que gastamos? Pues que ésta se almacena en el cuerpo en forma de grasa. Consecuencia: obesidad.

Pero, como me gusta tanto el debate, hay quien piensa diferente, y afirma que el azúcar nada tiene que ver conque estemos gordos o no.

No hay más que ver los numerosos casos de personas que se han sometido a dieta, han bajado de peso y al dejar el tratamiento para conservar ese peso saludable, no sólo han recuperado los kilos perdidos sino unos pocos más. Y eso sin volver a sus viejos hábitos de alimentación. Parece ser que las hormonas tienen mucho que ver con todo esto. En un futuro, no sé si muy próximo, el tratamiento contra la obesidad consistirá en terapias hormonales.

Aparte de contribuir a la obesidad, el exceso de consumo de azúcar en nuestra dieta produce más problemas de salud en nuestro organismo, tales como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, hígado graso o colesterol. La falta de ejercicio y unos malos hábitos alimentarios son problemas aún más graves que hay que abordar. Y no sólo centrarse en los refresquitos.

Lo que sí debe quedar claro, y es cosa de sentido común, es que un peso saludable se consigue con una vida saludable.

Y ahora vayamos a las bebidas edulcoradas artificialmente, que también tienen lo suyo.

Con esto de «no tome usted azúcar porque engorda», el consumo de edulcorantes ha subido como la espuma. Sólo falta que se lo pongamos a..vaya, no se me ocurre nada!.

Pero, cuidado. Esas inofensivas minipastillitas que usted pone en el café,(por poner un ejemplo), son un peligro en potencia. Su cerebro le dirá: «oye, esto está muy dulce y muy bueno pero… ¿dónde están mis calorías, eh?». Alguno habrá que esté leyendo esto que habrá tomado un refresco light y luego le haya dado ganas de comer lo que sea y asaltar la nevera como un poseso. Sí, amigo mío, los edulcorantes estimulan el apetito.

Y luego tenemos otro ejemplo, pero este no tiene explicación científica, sino más bien psicológica. Es la del típico/a individuo/a que pide un café con sacarina… y un trozo de tarta de cholate!. No pasa nada. Como tomó sacarina y tal…

Una anotación importante: cuidado con el aspartamo. Este edulcorante puede elevar los niveles de azúcar en sangre. Por si no lo sabían. No es que los demás sean totalmente inofensivos. Es más, yo sugeriría que, al igual que la gente que deja la sal se acostumbra al sabor real de los alimentos, lo ideal sería hacer lo mismo con el azúcar. El edulcorante lo que produce es mantenernos enganchados a todo lo que tenga sabor dulce, y cuando veamos algo como un pastel… malo.

Y si se quiere tomar azúcar, mejor optar por aquel que no está refinado. Al menos contiene algún nutriente. Eso sí, sin pasarse.

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