La Medicina Holística

Velas y Flores

Hoy en día se vive muy deprisa. Nos pasamos el tiempo mirando el reloj. Debemos llegar a tiempo aquí o allá, terminar aquello o lo otro. Nos vemos obligados a correr como locos para hacer en 24 horas lo que haríamos en 48. Y lo que es peor, esta cultura de la «urgencia» también nos empuja a una falta de paciencia y al deseo de soluciones inmediatas a nuestros problemas.

En lo referente a la salud, cuando enfermamos, lo que esperamos es que el médico nos mande lo que sea para aliviar las molestias y seguir a lo nuestro. Una pastillita para esto, un jarabe para lo otro, unos sobres para lo de más allá… Y así llenamos nuestro cuerpo de medicamentos sin tener en cuenta que, bueno, tal vez desaparezcan los síntomas originales, pero de la misma manera puede que estemos provocando que aparezcan otros, fruto de la sobremedicación.

Y es que, sin ánimo de menospreciar a la medicina convencional, cuyos avances han logrado importantísimos descubrimientos en el terreno de la investigación de las enfermedades, tiende a tratar más el síntoma que la propia enfermedad.

La medicina holística, en cambio, trabaja de otra forma. Este método, de origen ancestral, se basa en el principio de que el bienestar de la persona depende del equilibrio entre sus aspectos físicos, sociales, mentales, emocionales y espirituales. Es decir, la persona entera y lo que le rodea y el entorno en el que se mueve. Cuando algunas de estas partes deja de funcionar correctamente, produce un impacto en el resto y aparece un desequilibrio en forma de enfermedad.

En la antigua filosofía médica de la cultura china, se enseñaba que a través del cuerpo fluía una energía llamada Chi. El ying y el yang eran fuerzas universales que debían estar en equilibrio si se quería estar sano.

Aparte de estos aspectos, también se tenían en cuenta cinco elementos que formaban el cuerpo del individuo estuviesen equilibrados: metal, agua, fuego, tierra y madera, cada uno con sus propiedades únicas. Técnicas como la acupuntura o las hierbas medicinales y otras más, se utilizaban con este fin.

En la India, allá por el año 1000 a.c., nació la cultura Ayurveda, que habla de cinco importantes elementos que eran tierra, fuego, agua, aire y éter. Dichos elementos no sólo estaban presentes en la persona, sino también en todo el universo. La persona se mantendría sana siempre que su cuerpo estuviese, no sólo en armonía consigo mismo, sino con todo aquello que le rodeara.

Curiosamente, en la antigua Grecia, Hipócrates trabajaba y curaba a sus pacientes utilizando el mismo método. El practicaba la medicina bajo la base de que el origen de la enfermedad estaba en el desequilibro de los fluidos del cuerpo o los llamados humores: bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre. Hipócrates confiaba plenamente en el poder curativo de la Naturaleza y, por ende, en la capacidad de la persona de curarse a sí mismo. Sólo bastaba administrar algunas sustancias de origen natural, básicamente plantas, para enmendar ese desequilibrio y entonces la persona recuperaría nuevamente la salud.

La medicina holística no aplica tratamientos inmediatos. No se limita a remediar un síntoma y ya está. El síntoma es considerado como un aviso de que hay algo más bajo la superficie, algo que necesita una especial atención. Y esto requiere tiempo.

Métodos y tratamientos como el masaje, la reflexología, flores de bach, acupuntura, homeopatía y aromaterapia, son algunos de los aplicados por la medicina holística, y eficaces a medio y largo plazo.

Como todo tiene sus pros y sus contras, la medicina holística no es útil para casos urgentes o que requieran cirugía, ni para aquellos en que la salud de la persona es cuestión de poco tiempo.

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